2.
Pecado original de los filósofos. Todos los filósofos tienen el defecto común de partir
del hombre actual y creer que con un análisis del mismo llegan a la meta. Involuntariamente
“el hombre” se les antoja como una aeterna veritas –verdad eterna-,
como algo invariable en medio de toda la vorágine, como una medida cierta de
las cosas. Pero todo lo que el filósofo dice sobre el hombre no es en el fondo
más que un testimonio sobre el hombre de un espacio temporal muy
limitado. El pecado original de todos los filósofos es la falta de
sentido histórico; no pocos toman incluso la configuración más reciente del
hombre, tal como ha surgido bajo la impronta de determinadas religiones, aun de
determinados acontecimientos políticos, como la forma fija de la que debe
partirse. No quieren enterarse de que el hombre ha devenido; mientras que
algunos de ellos llegan incluso a derivar el mundo entero de esta facultad
cognoscitiva. Ahora bien, todo lo esencial de la evolución humana
sucedió en tiempos remotos, mucho antes de esos cuatro mil años que nosotros
más o menos conocemos; en éstos el hombre no puede haber cambiado mucho. Pero
entonces el filósofo percibe en el hombre actual “instintos” y supone que éstos
forman parte de los datos inalterables del hombre y pueden, por tanto, ofrecer
una clave para la comprensión del mundo en general; toda la teología está
construida sobre el hecho de que se habla del hombre de los últimos cuatro
milenios como de un hombre eterno al que todas las cosas del
mundo están naturalmente orientadas desde un principio. Pero todo ha devenido;
no hay datos eternos, lo mismo que no hay verdades absolutas. Por eso
de ahora en adelante es necesario el filosofar histórico y con éste la
virtud de la modestia.
Comentario.
El presente aforismo viene a complementar al primero
en relación a la definición del nuevo enfoque que Nietzsche promueve para la
filosofía: la filosofía histórica.
En el aforismo anterior se nos llamaba la atención de
que la realidad bajo la que se nos presentan muchos de nuestros más caros
sentimientos y representaciones no es algo “absoluto” en el sentido de unitario, sino que más bien, es el
resultado de distintas composiciones de elementos más simples.
La filosofía histórica como una rama nueva de la ciencia
actuaría sobre nuestras representaciones y sentimientos como la química sobre
la materia, es decir, facilitando la descomposición, el paso de lo complejo a
lo simple.
La simpleza de los elementos lograda por medio de este
análisis viene a ser una especie de proceso de desacralización del mundo: Una
liberación de la tiranía de los grandes sentimientos e ideas nacidos del error.
En este segundo aforismo se retoma al filosofar
histórico no como la herramienta de crítica de lo absoluto-unitario,
sino como una herramienta de crítica de lo absoluto-eterno.
La descomposición de nuestros más grandes sentimientos
y representaciones, y con ella; de la concepción que los engloba a todos: “el
hombre”, se alcanza a través de la introducción del elemento temporal: el
devenir.
El paso de lo complejo a lo simple es el reverso de un
despliegue en el tiempo. Nada es absoluto porque todo deviene.
Si bien el concepto de “la historia” era muy antiguo,
tan sólo habían transcurrido 19 años de la publicación de “el origen de las especies (1859)” de Charles Darwin y Nietzsche
habíase ya apropiado del concepto de evolución; para que unificando los dos
conceptos poder llegar a señalar que el hombre no es un realidad acabada,
unitaria, absoluta, y metafísicamente sustentada, sino una realidad enclavada en
la vida y por lo tanto en constante devenir –en constante formación-.
La mayoría de nuestros grandes sentimientos y
representaciones; la teología, la moral, el sentimiento estético, pertenecerían
pues, a la historia del hombre de los últimos 4 mil años –datación muy
semejante a la que se le da al origen de la escritura-, sin embargo –afirma
Nietzsche-, lo fundamental del hombre se ha establecido muchísimo tiempo más allá
de ese umbral.
Este es otro gran merito del autor; concebir al hombre
como una realidad fundamentalmente construida mas allá de la historia escrita
cuando aún el concepto de hominización demoraría bastante en desarrollarse de
manera detallada.
El pecado de los filósofos estaría en negar esto –la
falta de sentido histórico- y partir del hombre presente como un dato puro e
inmutable.
La consigna del “filosofar histórico” propuesto por
Nietzsche puede resumirse en sus propias palabras como:
“No hay datos eternos, lo mismo que no hay
verdades absolutas”.