4.
Astrología y afines. Es verosímil que los objetos del sentimiento religioso, moral y estético no pertenezcan igualmente más que a la superficie de las cosas, mientras que el hombre propende a creer que aquí al menos toca el corazón del mundo; se ilusiona por lo profundamente feliz y lo profundamente desdichado que esas cosas le hacen, y así muestra aquí la misma soberbia que en la astrología. Pues ésta cree que el cielo estrellado gira en función de la suerte del hombre; pero el hombre moral supone que lo que esencialmente le ocupa el corazón debe ser también la esencia y el corazón de las cosas.
Comentario.
Se afirmo en el aforismo número 1. que la realidad fundamental de los sentimientos no responde necesariamente a los contornos de nuestra percepción humana.
De que un “gran sentimiento” no era necesariamente una “unidad” de la que nosotros poseemos la medida conveniente y correcta, sino que podría más bien estar conformado por elementos más simples irreconocibles a primera vista, tal y como no percibimos los átomos en nuestros objetos cotidianos.
En este aforismo se sugiere la misma idea pero esta vez haciendo énfasis en la intensidad de los sentimientos:
la intensidad de los sentimientos no garantiza la veracidad de los mismos y por lo tanto tampoco significa que sea una señal de una comunicación privilegiada e inequívoca con el corazón de las cosas, es decir con su realidad fundamental.
Sea lo que sea esta realidad fundamental de lo que sentimos, no gira entorno nuestro pues como realidad fundamental nos desborda sin más, lo mismo que las estrellas no giran en función del destino de los hombres y siguen su propio movimiento.
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