jueves, 22 de marzo de 2012

(2) HUMANO, DEMASIADO HUMANO.


2.
Pecado original de los filósofos. Todos los filósofos tienen el defecto común de partir del hombre actual y creer que con un análisis del mismo llegan a la meta. Involuntariamente “el hombre” se les antoja como una aeterna veritas –verdad eterna-, como algo invariable en medio de toda la vorágine, como una medida cierta de las cosas. Pero todo lo que el filósofo dice sobre el hombre no es en el fondo más que un testimonio sobre el hombre de un espacio temporal muy limitado. El pecado original de todos los filósofos es la falta de sentido histórico; no pocos toman incluso la configuración más reciente del hombre, tal como ha surgido bajo la impronta de determinadas religiones, aun de determinados acontecimientos políticos, como la forma fija de la que debe partirse. No quieren enterarse de que el hombre ha devenido; mientras que algunos de ellos llegan incluso a derivar el mundo entero de esta facultad cognoscitiva. Ahora bien, todo lo esencial de la evolución humana sucedió en tiempos remotos, mucho antes de esos cuatro mil años que nosotros más o menos conocemos; en éstos el hombre no puede haber cambiado mucho. Pero entonces el filósofo percibe en el hombre actual “instintos” y supone que éstos forman parte de los datos inalterables del hombre y pueden, por tanto, ofrecer una clave para la comprensión del mundo en general; toda la teología está construida sobre el hecho de que se habla del hombre de los últimos cuatro milenios como de un hombre eterno al que todas las cosas del mundo están naturalmente orientadas desde un principio. Pero todo ha devenido; no hay datos eternos, lo mismo que no hay verdades absolutas. Por eso de ahora en adelante es necesario el filosofar histórico y con éste la virtud de la modestia.


Comentario.
El presente aforismo viene a complementar al primero en relación a la definición del nuevo enfoque que Nietzsche promueve para la filosofía: la filosofía  histórica.

En el aforismo anterior se nos llamaba la atención de que la realidad bajo la que se nos presentan muchos de nuestros más caros sentimientos y representaciones no es algo “absoluto” en el sentido de unitario, sino que más bien, es el resultado de distintas composiciones de elementos más simples.

La filosofía histórica como una rama nueva de la ciencia actuaría sobre nuestras representaciones y sentimientos como la química sobre la materia, es decir, facilitando la descomposición, el paso de lo complejo a lo simple. 

La simpleza de los elementos lograda por medio de este análisis viene a ser una especie de proceso de desacralización del mundo: Una liberación de la tiranía de los grandes sentimientos e ideas nacidos del error.

En este segundo aforismo se retoma al filosofar histórico no como la herramienta de crítica de lo absoluto-unitario, sino como una herramienta de crítica de lo absoluto-eterno.

La descomposición de nuestros más grandes sentimientos y representaciones, y con ella; de la concepción que los engloba a todos: “el hombre”, se alcanza a través de la introducción del elemento temporal: el devenir
El paso de lo complejo a lo simple es el reverso de un despliegue en el tiempo. Nada es absoluto porque todo deviene. 

Si bien el concepto de “la historia” era muy antiguo, tan sólo habían transcurrido 19 años de la publicación de “el origen de las especies (1859)” de Charles Darwin y Nietzsche habíase ya apropiado del concepto de evolución; para que unificando los dos conceptos poder llegar a señalar que el hombre no es un realidad acabada, unitaria, absoluta, y metafísicamente sustentada, sino una realidad enclavada en la vida y por lo tanto en constante devenir –en constante formación-.

La mayoría de nuestros grandes sentimientos y representaciones; la teología, la moral, el sentimiento estético, pertenecerían pues, a la historia del hombre de los últimos 4 mil años –datación muy semejante a la que se le da al origen de la escritura-, sin embargo –afirma Nietzsche-, lo fundamental del hombre se ha establecido muchísimo tiempo más allá de ese umbral.

Este es otro gran merito del autor; concebir al hombre como una realidad fundamentalmente construida mas allá de la historia escrita cuando aún el concepto de hominización demoraría bastante en desarrollarse de manera detallada.

El pecado de los filósofos estaría en negar esto –la falta de sentido histórico- y partir del hombre presente como un dato puro e inmutable.

La consigna del “filosofar histórico” propuesto por Nietzsche puede resumirse en sus propias palabras como: 

“No hay datos eternos, lo mismo que no hay verdades absolutas”.

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