10.
Inocuidad de la metafísica en el futuro. Tan pronto como la religión, el arte y la moral son
descritos en su nacimiento de tal modo que cabe explicárselos completamente sin
acudir a la hipótesis de cuñas metafísicas al comienzo y en
el curso del trayecto, cesa el acentuadísimo interés por el problema puramente
teórico de la “cosa en sí” y del “fenómeno”. Pues, sea lo que sea de esto, con
la religión, el arte y la moral no tocamos la “esencia del mundo en sí”;
estamos en el dominio de la representación y ningún “barrunto” puede llevarnos
más allá. Con toda tranquilidad se abandonará a la fisiología y a la historia
de la evolución de los organismos y conceptos la pregunta por cómo puede
nuestra imagen del mundo diferenciarse tan nítidamente de la esencia elucidada
del mundo.
Comentario.
Enfatización del aforismo 9, la idea de que nos encontramos atrapados en la
representación y de que nada hay (ni la religión, ni el arte, ni la moral) que
nos comunique a un “más allá” de la representación.
No existen puentes
privilegiados con la “cosa en sí”, síntesis de lo metafísico.
Nuestra imagen
del mundo -la representación- debe comprenderse por medio de ciencias como la
fisiología o la historia evolutiva. Historia de un desenvolvimiento enmarcado por
sí mismo y no impulsado o formado por un más allá de sí mismo.
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