9.
Mundo metafísico. Es verdad que podría haber un mundo metafísico; su
posibilidad absoluta difícilmente puede combatirse. Consideramos todas las
cosas con la cabeza humana y no podemos cortar esta cabeza; sigue sin embargo
en pie la pregunta de qué quedaría del mundo si se la seccionase. Es este un
problema puramente científico y no muy apropiado para preocupar a los hombres;
pero todo lo que hasta ahora les ha hecho las hipótesis científicas valiosas,
terribles, placenteras, lo que las ha creado, es pasión, error y
autoengaño; son los peores de todos los métodos de conocimiento, no los
mejores, los que han enseñado a creer en ellas. Una vez que se han denunciado
estos métodos como el fundamento de todas las religiones y metafísicas existentes,
se las ha refutado. No queda entonces más que aquella posibilidad; pero
absolutamente nada puede comenzarse con ella, y mucho menos puede hacerse
depender felicidad, salud y vida de las hebras de una tal posibilidad. Pues absolutamente
nada podría predicarse del mundo metafísico, sino que es absolutamente otra
cosa, otra cosa para nosotros inaccesible, incomprensible; sería algo con
propiedades negativas. Si la existencia de un mundo tal estuviese tan bien
probada, se establecería entonces, sin embargo, que precisamente su
conocimiento sería el más indiferente de todos: más indiferente todavía que
para el navegante acosado por la tempestad debe serlo el conocimiento del
análisis químico del agua.
Comentario.
“Consideramos todas las cosas con la cabeza humana y
no podemos cortar esta cabeza” afirma Nietzsche como una forma de sintetizar el
postulado con que Schopenhauer a su vez sintetizaba la filosofía de Kant; “el
mundo es mi representación”.
Fuera de este mundo como representación está la “cosa en sí”, inaccesible,
incomprensible.
Es ese para Nietzsche el reino de lo metafísico.
Llegados a este punto reconoce que la posibilidad o
imposibilidad de ese reino no puede discutirse por principio. “¿qué queda del
mundo sin nos seccionásemos la cabeza?"
Para él no participamos ni participaremos en alguna
forma con la llamada “cosa en si” por lo que su conocimiento nos resulta
indiferente y todo lo que se ha fundado en esta imposibilidad; las religiones,
las filosofías metafísicas, la moral, resultan por ello mismo falsas.
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