11.
El lenguaje como presunta ciencia. La importancia del lenguaje para el desarrollo de la
cultura radica en el hecho de que en él el hombre puso un mundo propio junto al
otro, un lugar que consideraba tan firme como para a partir de ahí levantar
sobre sus goznes el resto del mundo y adueñarse del mismo. Como durante largos
lapsos de tiempo el hombre ha creído en los conceptos y nombres de las cosas
como en aeternae veritas –verdades eternas-, ha hecho suyo ese orgullo
con que se elevaba por encima del animal: suponía tener efectivamente en el
lenguaje el conocimiento del mundo. El artífice del lenguaje no era tan modesto
que creyera que él no les daba a las cosas precisamente más que designaciones,
sino que más bien se figuraba expresar con palabras el saber supremo de las
cosas; el lenguaje es en realidad el primer peldaño en el esfuerzo por la
ciencia. También aquí es de la fe en la verdad hallada de donde
manaron los manantiales de fuerza más poderosos. Es mucho después –tan sólo
ahora- cuando se dan cuenta los hombres de que con su fe en el lenguaje han
propagado un tremendo error. Afortunadamente es demasiado tarde para que esto
dé marcha atrás al desarrollo de la razón que estriba en esa fe. También la lógica
estriba en presupuestos a los que nada corresponde en el mundo real,
por ejemplo, en el presupuesto de la igualdad de las cosas, de la identidad de
la misma cosa en distintos puntos del tiempo; pero esa ciencia nació de la
creencia opuesta (la de que en efecto en el mundo real hay semejantes cosas). Lo
mismo sucede con las matemáticas, que a buen seguro no
habrían nacido si desde un principio se hubiese sabido que en la naturaleza no
hay ninguna línea exactamente recta, ningún círculo verdadero, ninguna medida
de tamaño absoluta.
Comentario.
Si en los aforismos anteriores se señalo que ni la
religión, ni el arte, ni la moral tenían conexión privilegiada con el más allá –lo
metafísico-.
En este aforismo se encara a otras formas de
pensamiento que quieren detentar ese privilegio esta vez en relación al mundo físico:
el lenguaje, la lógica y las matemáticas.
Para Nietzsche estas tres formas de pensamientos son
sistemas colocados junto al mundo real y no sistemas intrínsecos al mundo real.
El lenguaje designa, nombra, se coloca sobre un
objeto, no es el objeto.
Por esto mismo el lenguaje móvil, insustancial.
El error
del hombre es partir de él como realidad.
Construir desde él, Tomar el nombre
por la cosa.
El lenguaje crece, se complejiza en sus designaciones y en ese
proceso suele alzar el vuelo, remontarse de lo real, propagar el error.
Sin embargo, el lenguaje al generalizar, al
conceptualizar, es “el primer peldaño de la ciencia”, está íntimamente vinculado
al desarrollo de la razón y en ese sentido no puede suprimirse del todo sin
afectar a esta última.
La lógica y las matemáticas son sistemas depurados y
es en esa pureza donde –según Nietzsche- demuestran lo artificiales.
En el
mundo real no hay tal purismo –cosas exactamente idénticas, líneas exactamente
rectas, etc.,..- por lo que basarse plenamente en estos sistemas puede llegar a
ser otra forma de extravió.
La lógica y las matemáticas son sistemas que dependen
rigurosamente de sus presupuestos y estos presupuestos parecen más colocados por
el hombre que fieles al mundo.
De nuevo tenemos el proceso de generalizar el mundo,
de conceptualizar, por lo que todo el aforismo no es más que la advertencia del riesgo de tomar cualquier los lenguajes (las palabras, los símbolos, las formas, los números) como la
realidad ultima.
Otra manera de hacer metafísica.
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