miércoles, 27 de junio de 2012

(15) HUMANO, DEMASIADO HUMANO.


15.

En el mundo no hay ni dentro ni fuera. Así como Demócrito trasplantó los conceptos de arriba y abajo al espacio infinito, donde no tienen sentido, así los filósofos en general trasplantan el concepto de “dentro y fuera” a la esencia y la apariencia del mundo: creen que con sentimientos profundos se profundiza en lo interno, se aproxima uno al corazón de la naturaleza. Pero estos sentimientos sólo son profundos en la medida en que con ellos, apenas perceptiblemente, se estimulan regularmente ciertos complejos grupos de pensamientos que llamamos profundos: un sentimiento es profundo porque tenemos por profundo el pensamiento acompañante. Pero el pensamiento profundo puede sin embargo estar muy lejos de la verdad, como por ejemplo el pensamiento metafísico: si del sentimiento profundo se descuentan los elementos de pensamiento mezclados con él, queda el sentimiento intenso, y éste no garantiza respecto al conocimiento nada más que a sí mismo, tal como una fe intensa no prueba más que su intensidad, no la verdad de lo creído.


Comentario.
La resonancia simpática que en el aforismo anterior (14) se describió como existente entre los sentimientos afines, agregándose cada vez más y más en estructuras complejas que definirían a los grandes sentimientos. Es analizada aquí ampliada a los pensamientos. 

La división de la realidad entre apariencia y “cosa en si” hace creer que lo profundo es una especie de participación privilegiada con aquella “cosa en sí”, a pesar de que como ya se dijo tal acceso con un “interior del mundo” es tan absurdo como los concepto de abajo y arriba en un espacio infinito.

Cuando ciertos sentimientos intensos se asocian a pensamientos profundos se toman erróneamente también como sentimientos profundos. Se dice de ellos que su intensidad es prueba de la verdad del pensamiento.

Nietzsche nos advierte que un sentimiento intenso no es prueba de conocimiento alguno, sólo lo es de su propia intensidad.

El sentimiento intenso no es un tipo de puente privilegiado que nos comunica con lo “en sí” –el cual es inaccesibles según el modelo del mundo como representación-, sino sólo un tipo de agregación –por resonancia simpática- de sentimientos mucho más simples.

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